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Me gustas cuando callas porque estas como ausente.
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domingo, 16 de junio de 2013

Robín


 Hasta hoy puedo escribir un poco. Sentía que me quemaba el alma. Esta entrada es un homenaje, para una criatura que vivió muy poco, pero que me dejo una huella muy grande. Todos me han dicho exagerada, no comprenden lo que siento. Para ellos no fue nada importante. Hace dos meses, encontré un gatito en la calle. Estaba desnutrido, con su pelo áspero y muy arisco. Pero era un gatito bebé, tenía a lo sumo un mes de nacido. Lo lleve a mi casa y rogué que me dejaran conservarlo pues ya tenemos demasiados y uno más, pues supone otro gasto.
 En fin, convencí a mis papás y hasta me permitieron tenerlo dentro de la casa. Lo llame Robín, poco a poco se fue ganando mi corazón, era la criatura más juguetona, inocente y cariñosa. Hasta mi perrita se enamoro de él, lo cuidaba como a su hijo. En fin, estando ya un poco crecido, le permití que saliera de la casa a jugar durante las tardes. Era tan obediente, no cruzaba las calles, simplemente jugaba en el pequeño jardín que tengo. Hasta que paso. No sé en qué momento, me descuide, no fueron más de 10 minutos, estaba estudiando y me concentre de más. Cuando note que estaba ausente, mi hermano llego informándome que había un gato muerto frente a mi casa. Se me cayó el libro, me levante inmediatamente, algo me decía era mi Robín. Y lo era, pero no había muerto. Estaba agonizando lentamente. Más no fue un auto quien le causo todo ese sufrimiento. Fue una persona, un imbécil sin sentimientos que se atrevió a patearlo en su cabecita y causarle las peores lesiones que alguien puede sufrir. No puedo creer que exista gente así, tan desalmada.

 No me gusta odiar, pero lo que siento es algo tan feo que no me agrada, no me gusta, no lo quiero sentir. Pero solo de recordar como hicieron sufrir a esa cosita que no le hacía daño a nadie, me invade una rabia terrible. Veo esos crueles actos hacia los animales y me siento mal, gente que los patea, que los avienta, que los ahorca, gente que sencillamente los ignora como si no importaran. Hace poco, vi como un futbolista arrojaba un perro por los aires, he visto demasiados actos de cruedad que ya no puedo simplemente verlos y callar.

 Ahora mi gatito ya no está conmigo, pero juro que algún día voy a hacer algo por ayudar a todas esas indefensas criaturas. Y odio que me digan: “Era solo un gato”, porque no lo era, no lo era y aunque lo fuera, no merecia ese maltrato.

martes, 25 de diciembre de 2012

Feliz navidad
P.d: Son todas mis mascotas(:


domingo, 8 de enero de 2012

Paraíso felino


"Cuando un gatito muere Dios le da campos, amplios espacios y libertad.
Cuando llegan al cielo ellos solo quieren jugar.
 El paraíso de los gatos tiene grandes ventanales para mirar, armarios donde esconderse y pajarillos que perseguir… y Dios los contempla escondido tras un árbol y sonríe.
El paraíso de los gatos tiene galletas y más galletas, tantas como podamos imaginar.
Dios quiere a sus gatos, y hace para ellos divertidas galletas con forma de pez, hueso ó caramelo. 
Galletas y más galletas. 
Y cuando se han cansado de correr y de comer, los gatitos se acurrucan en una nube y se duermen ronroneando.
 Algunas veces los gatos, como angelitos, vuelven a la casa donde vivieron, tienen nostalgia de su hogar y de su familia, se pasean por las habitaciones, olisquean los rincones que más les gustaban y se sientan a contemplar a su amigo humano. 
Cuando comprueban que todo está bien regresan al cielo de los gatos."




El Paraíso de los Gatos tiene lagos grandes, de aguas claras, es un campo llano, soleado, siempre soleado, lleno de árboles de verde follaje, con anchos troncos donde afilar las uñas. 


A los Gatos les encanta; corren al lado del agua .... y Dios los mira desde detrás de un árbol y sonríe. 



Él da vuelta hacia afuera las nubes para hacer camas blanditas para los Gatos y cuando están cansados de correr y maullar y de comer galletas de sándwich de salmón, encuentran una cama de nubes para dormir, entonces se acurrucan y duermen y ronronean. 



En ese santo campo se reúnen diferentes grupos según su condición. 



Nada más entrar encontramos los más viejos, que por no andar más se les concedió este lugar privilegiado, allí duermen la mayor parte del día, conversan entre ellos, se cuentan sus vidas, sus años, hablan de sus amos, de los que les amaron, de los que les hicieron mal, siempre sin rencor, de sus compañeros gatunos de vida, de los que pronto esperan, de los que abajo se quedaron. Un Gato más joven cuida de ellos, algunos se quedaron sordos, ciegos, de viejitos, pero aquí, en este cielo oyen y ven de nuevo, es la magia del lugar. 



Un poco más adelante los callejeros. Ellos nunca tuvieron un hogar, sufrieron el frío, la lluvia, el hambre, algunos vivieron bien, otros no tanto, a ellos se les concede el privilegio del resguardo. Tienen una casita de felpa y pelo, aquí no pasan penas, la recompensa de su maltrecha vida, por fin, llegó. 



En mitad del campo están los pequeños, o los más jovencitos. Tienen cientos de juguetes a su disposición, son los más traviesos, por eso están más alejados de los viejitos. Algunos encuentran a sus mamas, otros hacen nuevos amigos. Hay grifos de agua donde jugar y beber, cuerdecitas de las que tirar, cortinas por las que trepar, árboles de navidad y bolitas por todos lados. 



El Paraíso también está lleno de recuerdos. Por eso alguna vez un ángel llevará un Gato de vuelta a la Tierra en una corta visita. Y silenciosamente, invisiblemente, él olfateará su antigua casa, observará a sus antiguos dueños, seguirá al niño hasta la escuela, se sentará en su cojín favorito y sonreirá. Cuando esté satisfecho de que todo está bien, regresará al Paraíso. 
Hay un viejo Gato Guardián que custodia el Cielo de los Gatos. Cuando llega uno nuevo, le acompaña hasta su sitio, según su condición, le explica que allí estará para toda la eternidad, que puede esperar a sus amigos que pronto llegarán, y a sus amos cuando vengan a recogerlo. 



Así, el día en que morimos, primero hacemos una parada detrás del Arco Iris. Entramos, preguntamos al viejo Gato Guardián, él nos indica, y después de tantos años volvemos a reencontrarnos con nuestros amigos del alma, los abrazamos y podemos decidir entre dejarlos allí, con los suyos, o llevárnoslos a nuestro lugar de destino. 




Recordadlo cuando vayáis, no olvidéis parar detrás del Arco Iris , allí están vuestros Gatos esperándoos, porque nunca se olvidaron de vosotros, como tampoco vosotros lo hicisteis.