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Me gustas cuando callas porque estas como ausente.
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viernes, 1 de julio de 2016

Huevo

Ibas camino a tu casa cuando falleciste.
Fue un accidente de tránsito. Nada extraordinario, pero sin embargo fatal. Dejaste atrás una esposa y dos hijos. Fue una muerte indolora. Los paramédicos dieron todo de si para salvarte, pero no hubo caso. Tu cuerpo estaba tan destrozado, que hasta fue mejor así, créeme.
Y fue entonces que nos encontramos.
“¿Qué… Qué pasó?” Preguntaste. “¿Dónde estoy?”
“Moriste”, respondí con naturalidad. No tenía sentido medir mis palabras.
“Había… un camión y estaba derrapando…”
“Sip”, dije.
“Yo… ¿Morí?”.
“Sip. Pero no te sientas mal al respecto. Todos mueren”.
Miraste alrededor. No había nada. Solo tu y yo. “¿Qué es este lugar?” Preguntaste. ¿Es el más allá?
“Más o menos”.
“¿Usted es Dios?”
“Si, soy Dios”.
“Mis hijos… mi esposa”. Preguntaste.
“¿Qué hay con ellos?”“¿Estarán bien?”
“Eso me gusta. Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es muy bueno”.
Me miraste con fascinación. Para ti, no me veía como Dios. Sólo me veía como un tipo común. O posiblemente una mujer. Una vaga figura de autoridad, quizás. Más como una maestra de gramática, que como el Todopoderoso.
“No te preocupes. Ellos estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todo aspecto. No tuvieron tiempo para llegar a despreciarte por algo en particular. Tu esposa llorará por fuera, pero sentirá alivio por dentro. A decir verdad, tu matrimonio se estaba cayendo en pedazos. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable al sentir alivio”.
“Oh”, dijiste. “Entonces, ¿Qué pasa ahora? ¿Me voy al Cielo, o al Infierno, o algo así?
“Ninguno. Serás reencarnado”.
“Ah, entonces los hindúes tenían razón”.
“Todas las religiones están en lo cierto, a su manera”, contesté. “Camina conmigo”.
Me seguiste mientras cruzábamos el vacío. “¿Adonde vamos?”
“A ningún lugar en particular. Se siente bien caminar mientras hablamos”.
“¿Y cuál es el punto entonces? Preguntaste. “Cuando renazca, seré solamente una pizarra en blanco, ¿Verdad? Un bebé. Todas mis experiencias y todo lo que hecho en esta vida no importará”.
“No exactamente. Llevas contigo todo el conocimiento y las experiencias de todas tus vidas pasadas. Sólo que no lo recuerdas ahora mismo”.
Paré de caminar y te tomé por los hombros. “Tu alma es mucho más magnífica, bella, y gigantesca de lo que puedas imaginar. Una mente humana solo puede contener una pequeña fracción de lo que eres. Es como apoyar tu dedo en un vaso con agua para sentir su temperatura. Pones una pequeña parte de ti contra el recipiente, y para cuando la quitas, habrás obtenido el conocimiento que poseía”.
“Has estado dentro de un humano por los últimos 48 años, por lo que aún no te has extendido, para sentir tu inmensa consciencia. Si pasáramos el suficiente tiempo aquí, comenzarías a recordarlo todo. Pero no tiene sentido hacer eso entre cada vida”.
“¿Cuántas veces he reencarnado?”
“Oh, muchas. Muchísimas. Y en muchísimas vidas diferentes”. Dije. “Esta vez serás una campesina china, en el año 540 AC”.
“Espera, ¿Qué?”. Tartamudeaste. “¿Me enviarás de vuelta en el tiempo?”
“Bueno, técnicamente, sí. El tiempo como lo conoces, solo existe en tu universo. Las cosas son algo distintas de donde yo vengo”.
“¿De dónde vienes?”
“Mmm… Yo vengo de un lugar. Un lugar distinto. Y allí hay otros como yo. Se que querrías saber como es este lugar, pero honestamente, no entenderías”.
“Oh,” Dijiste algo desilusionado. “Un momento… Si soy reencarnado en distintos lugares en el tiempo, en algún punto podría haber interactuado conmigo mismo”.
“Seguro. Pasa todo el tiempo. Y con ambas vidas conscientes únicamente de sí mismas, tu nunca sabes que este encuentro está sucediendo”.
“¿Cuál es el punto de todo esto, entonces?”
“¿Enserio?” Pregunté. ¿Me estás preguntando cuál es el sentido de la vida? ¿No está un poco estereotipado?”
“Bueno, es una pregunta razonable”. Persististe.
Te miré a los ojos. “El significado de la vida, la razón por la que creé este universo, es para que madures”.
“¿Querrás decir la humanidad? ¿Quieres que maduremos?”
“No, solo tú. Creé este universo para ti. Con cada vida creces, maduras, y te vuelves un intelecto mayor”.
“¿Solo yo? ¿Qué hay de los demás?”
“No hay nadie más”. Dije. “En este universo solo estamos tú y yo”.
Me miraste fija, e inexpresivamente. “Pero toda la gente en la Tierra…”
“Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti mismo”.
“O sea que, ¿Yo soy todos?”
“Ahora lo estás entendiendo”, te dije palmeándote la espalda a manera de congratulación.
“¿Yo soy cada humano que ha vivido?”
“Y cada humano que vivirá. Exactamente”.
“¿Soy Abraham Lincoln?”
“Y eres John Wilkes Booth, también”. Agregué.
“¿Soy Hitler?”. Preguntaste apaleado.
“Y los millones que asesinó”.
“¿Soy Jesús?”
“Y todos sus seguidores”.
Te quedaste en silencio.
“Cada vez que trataste injustamente a alguien”, dije “te lo estabas haciendo a ti mismo. Cada acto de amabilidad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento feliz y cada momento triste experimentado por un ser humano fue, o será, experimentado por ti”.
Lo pensaste por un largo tiempo.
Luego me preguntaste, “¿Por qué? ¿Por qué hacer todo esto?”
“Porque algún día, te volverás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres uno de los míos. Eres mi hijo”.
“Whoa,” exclamaste incrédulo. “¿Dices que soy un dios?”.
“No. No todavía. Eres un feto. Aún estás creciendo. Una vez que hayas vivido cada vida humana a través de los tiempos, habrás crecido lo suficiente como para nacer”.
“Entonces, el universo entero es solo…”
“Un huevo”. Respondí. “Ahora es momento de que continúes hacía  tu próxima vida”.
Y te envié hacía ella.

jueves, 7 de agosto de 2014

Una sombra.


Era una fría noche de marzo a pesar de que la primavera había llegado hacia una semana. El cielo negro, con la sonriente luna en cuarto creciente caía sobre la ciudad donde un suave viento atemorizaba a los árboles, quienes incapaces de esconderse, solo agitaban sus ramas.
Esa noche al fin había logrado tener la casa vacía, solo para ella. Mientras caminaba, sus piernas temblaban, el vestido que había decidido usar aquella soleada mañana no la protegía del cambio de humor que había sufrido el clima. Caminaba a pasos agigantados, se sentía ansiosa por llegar a su hogar, cubrirse con una manta y beber una copa de ese vino tan dulce que su padre guardaba celosamente.
Estaba a unos metros de llegar a su casa, cuando pudo notar una figura que estaba de pie frente a su casa, observando la ventana que correspondía a su habitación.
La luna se había ocultado dando paso a un cielo completamente negro, todo oscuro sin estrellas. Se le heló la sangre. El viento soplo fuerte y sus delgadas piernas no fueron capaces de sostenerla y cayo al suelo golpeando su rotula. Gimió de dolor al tiempo que tocaba su rodilla. Sintió que la temperatura aumentaba pero aún así, ella sentía frío. Se dejo caer en el frío asfalto de la acera y de nuevo volvió la vista a su casa. La persona o lo que sea que fuese, seguía con la vista fijada en la misma dirección. Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. ¿Quién era? ¿Qué quería?
Trago saliva y pudo notar por primera vez que su piel era muy pálida. Comenzó a recordad lo sucedido durante el día. Ahora algo la acechaba, podía oler el peligro, lo sentía, lo respiraba y este se aprovechaba para invadir cada célula de su ser.
Se puso de pie e hizo una mueca de dolor al apoyar su peso en la rodilla lastimada. Comenzó a caminar con cautela hacia su casa, se acercaba cada vez más  pero quien sea que fuese que estaba ahí, parecía no darse cuenta de la presencia de la joven, eso era lo que aparentaba, pero por alguna razón, ella sentía que él sabia de ella y la estaba esperando.
Oh, él sabía, la necesitaba, la quería, tenía que poseerla para existir. Estaba segura. 
Cuando estaba a unos pocos centímetros de ellos desvío la mirada mientras la gélida sensación se afianzaba de su cuerpo. Sintió la sangre fría y la piel caliente. Desesperación. Cuando regreso su mirada, ahora la cosa la observaba. Ella sabia que la observaba a pesar de que no parecía tener ojos. Ella lo sabía, sabia que la observaba y también supo que sonreía a pesar de que no había modificado sus facciones. Se acerco aún más y sintió la necesidad de tocarlo. Tocar a ese ser extraño que la observaba y sonreía obscenamente, a ese ente que parecía desear que sea acercara, a ese ser que le ocasionaba una mezcla de repugnancia y fascinación inmensa.
Las cuencas vacías en su rostro penetraron sus ojos. Sintió la mirada —si se le podía llamar así— dentro de la suya. Sintió que eso la necesitaba más que a nada en todo el mundo, la anhelaba. Y por un súbito instante supo que ella lo quería a él
Lentamente su mano se acerco más y más hasta que su tacto percibió lo desconocido. Sintió como su tibia piel se congelaba, sintió que se fundía con la oscuridad. Ahora formaba parte de ella. Una sola. Una oscuridad arrasadora. Un vació aterrador. Una nada.

lunes, 7 de abril de 2014

Sueños

Él fue uno de esos sueños en los que todo es muy real. Tan real que asusta. Ella era realidad, fría y dolorosa. Se encontraron en un intermedio y vivieron instantes que los llenaron a ambos. Pero de pronto, ella tan consciente de quien era, ya no quiso continuar. La realidad asusta y ella era todo miedo. Él era puras ilusiones, puras ideas, puras fantasías llenas de alegría. Pero era una unión imposible, no en tiempo, sí en espacio. Eran parte de universos muy distantes. Y así todo acabo. Simple. Sencillo. Solitario. Como se apaga una llama al irse consumiendo en carbón. Solo cenizas, pero las cenizas no arden. A las cenizas se las lleva el viento. Las desparrama por el mundo y golpean la cara de las personas felices obligando a que cierren los ojos. Todo termina. Todo golpea. Un duro y fuerte golpe lleno de realidad que apaga los sueños.
Sharon Eliana

martes, 4 de febrero de 2014

En verdad lo espero...


—Estoy muy cansada-susurro ella recargándose en el hombro de su amigo—No he podido dormir bien en varios días.
 —¿Alguna razón en especifico?
 —No se, todas las noches mientras intento dormir, una sensación de vacío me invade, algo me falta. 
Ambos guardaron silencio, era una mañana clara y faltaban unos minutos para la próxima clase. Recargada en ese comprensivo hombro, cerró los ojos, el aire fresco le provoco escalofríos y sonrió. De pronto, sintió una tibia mano recorrer su mejilla. Suspiro fuertemente y de pronto un beso en la coronilla la sorprendió y abrió los ojos. Somnolienta miro al joven con una mirada de desconcierto y se alejo un poco de él. Y de pronto sin darle tiempo a pensar él la beso en los labios. Un beso simple, un beso que la obligo a cerrar los ojos, un beso que lleno todo su ser de un calor desconocido. Por un instante fueron uno solo, un ente al que no le falta nada. Cuando él se alejo, se miraron algo preocupados, él fue el primero en levantarse. Ella lo siguió.
 — ¿Qué fue eso?—pregunto ella siguiéndole el paso 
—Un beso
— ¿Solo un beso?
—Eso espero 
—Eso espero…

Sharon Eliana
FICCIÓN

domingo, 13 de octubre de 2013

El escritor y sus padres

Cuando tenía quince años, le dije a mi madre:

-He descubierto mi vocación: quiero ser escritor.
-Hijo mío -respondió ella, con aire triste -tu padre es ingeniero. Es un hombre lógico, razonable, con una visión precisa del mundo. ¿Tú sabes lo que es ser un escritor?
-Alguien que escribe libros.
-Tu tío Haroldo, que es médico, también escribe libros, y ya publicó algunos. Sigue la facultad de ingeniería y tendrás tiempo para escribir en tus momentos libres.
-No, mamá. Yo quiero ser solamente escritor. No un ingeniero que escribe libros.
-¿Pero tú ya has conocido a algún escritor? ¿Alguna vez viste a algún escritor?
-Nunca. Sólo en fotografías.
-Entonces, ¿cómo quieres ser escritor sin saber bien lo que es eso?

Para poder responder a mi madre resolví hacer una pesquisa. Y he aquí lo que descubrí sobre lo que era ser un escritor en el inicio de la década de los sesenta:

Un escritor siempre usa lentes, y no se peina bien. Pasa la mitad de su tiempo con rabia de todo, y la otra mitad deprimido. Vive en bares, discutiendo con otros escritores, también con lentes y despeinados. Habla difícil. Tiene siempre ideas fantásticas sobre su próxima novela y detesta la que acabó de publicar.

Un escritor tiene el deber y la obligación de jamás ser comprendido por su generación -o nunca llegará a ser considerado un genio, pues está convencido de que nació en una época en la que la mediocridad impera-. Un escritor siempre hace varias revisiones y alteraciones en cada frase que escribe. El vocabulario de un hombre común está compuesto por 3.000 palabras; un verdadero escritor jamás las utiliza, ya que existen otras 189.000 en el diccionario, y él no es un hombre común.

Solamente otros escritores comprenden lo que un escritor quiere decir. Aún así, él detesta secretamente a los otros escritores, ya que están disputando las mismas plazas que la historia de la literatura deja a lo largo de los siglos. Entonces, el escritor y sus pares disputan el trofeo del libro más complicado: será considerado el mejor aquel que consiguió ser el más difícil.

Un escritor entiende de temas cuyos nombres asustan: semiótica, epistemología, neoconcretismo. Cuando desea impresionar a alguien dice cosas como "Einstein es burro" o "Tolstoi es un payaso de la burguesía".

Todos se escandalizan, pero comienzan a repetir a otros que la teoría de la relatividad es errónea y que Tolstoi defendía a los aristócratas rusos.

Un escritor, para seducir a una mujer, dice: "Soy escritor", y escribe un poema en una servilleta: funciona siempre.

A causa de su vasta cultura, un escritor siempre consigue empleo como crítico literario. Es en este momento cuando él muestra su generosidad, escribiendo sobre los libros de sus amigos. La mitad de la crítica está compuesta por citas de autores extranjeros; la otra mitad son los tales análisis de frases, siempre empleando términos como "el corte epistemológico" o "la visión integrada en un eje correspondiente". Quien lee la crítica comenta: "¡Qué hombre tan culto!". Y no compra el libro, porque no sabrá cómo continuar la lectura cuando aparezca el corte epistemológico.

Un escritor, cuando es convidado a comentar lo que está leyendo en aquel momento, siempre cita un libro del que nadie oyó hablar.

Solo existe un libro que despierta la admiración unánime del escritor y sus pares: Ulises, de James Joyce. El escritor nunca habla mal de este libro, pero cuando alguien le pregunta de qué trata, nunca consigue explicarlo bien, dejando dudas sobre si realmente lo leyó. Es un absurdo que Ulises jamás sea reeditado, ya que todos los escritores lo citan como obra maestra; tal vez sea la estupidez de los editores, dejando pasar la oportunidad de ganar mucho dinero con un libro que todo el mundo leyó y a todo el mundo gustó.

Provisto de todas estas informaciones, volví a mi madre y le expliqué exactamente lo que era un escritor. Se quedó un poco sorprendida.
-Es más fácil ser ingeniero -dijo. -Además, tú no usas lentes.

Pero yo ya iba despeinado, con mi paquete de Gauloises en el bolsillo, una pieza de teatro debajo del brazo (Límites de la resistencia que, para mi alegría, el crítico Yan Michalski definió como "el espectáculo más loco que jamás vi"), estudiando a Hegel y decidido a leer Ulises de cualquier manera.

Paulo Cohelo, Ser como el río que fluye

lunes, 9 de septiembre de 2013

Y te vi a lo lejos mirando al infinito. Luego por unos maravillosos instantes creí que yo era el objeto de tu mirada. Tú lo eras de la mía. Pero cuando camine, tu mirada no me siguió, continúo enfrascada en el horizonte, absorta, perdida, hermosa. Entonces desapareciste y me quede con tu imagen clavada en mis recuerdos. Para siempre
Sharon Eliana

domingo, 25 de agosto de 2013

Sonrie.



Ayer venía de regreso en el metro, una chica venía sentada con la mirada baja y un chico venía sentado en el suelo escribiendo algo, cuando termina arranca la hoja, la dobla y se levanta, ya íbamos entrando en una estación cuando camina hacia la chica y le entrega el papel, justo las puertas se abrieron y el chico salió muy rápido. En cuanto la chica abrió el papel se encontró con un “Ud es linda, pero me gustaría más verla sonriendo :)”
La chica extrañada esboza una hermosa sonrisa, mirando por si podía ver al chico por última vez, pero no fue así, ella miró una vez más el papel, sonrió y guardó el papel en su bolso.


Tomado de tumblr.

miércoles, 3 de julio de 2013

Por siempre


-Sabes perfectamente que yo siempre te he querido-él estaba frente a ella, la miraba a los ojos al mismo tiempo que hablaba.
Observo al joven que había sido su mejor amigo durante los últimos siete años. La persona que había soportado sus berrinches, sus miedos, sus dudas, sus llantos. El mismo que la había consolado y animado cuando se sentía como basura. Esa persona que sin importar nada, siempre estuvo ahí para ella. La única persona que la amaba más por sus defectos que por sus virtudes. Parecía creado especialmente para ella, para quererla por sobre todas las cosas. 
Sonrío y solo pudo abrazarlo para toda la eternidad.





SharonEliana

lunes, 1 de julio de 2013

Si pudiera III


Capítulo anterior
El auto pasa zumbando frente a ella. Sus ojos están muy abiertos y su corazón acelerado como nunca antes. Pudo morir.
 -¿Estás bien?-escucha que le preguntan.
 -Sí, muy bien.-pero no lo está, sus piernas no le responden. Se da media vuelta y encuentra el rostro de Ricardo, tal parece que su preocupación es genuina.
-¿Quieres que te lleve a la enfermería o algo?-Ricardo no sabe qué hacer, nunca antes había estado en una situación similar. 
-No, en verdad estoy bien-responde Jennifer algo nerviosa. Ricardo le toma las manos y le sonríe. -¿Completamente segura?-inquiere sin estar muy convencido de que la chica está bien. 
-Sí, solo fue el susto.-asegura ella, y esta vez ya es un poco más cierto. Ya sus signos vitales se normalizaron y puede sentir las piernas de nuevo. 
-Tienes algo de chocolate en la boca-comenta Ricardo sonriente y señalándole las comisuras. Toda la sangre se le va al rostro, comienza a sentir calor y solo atina a limpiarse rápidamente con la lengua. 
-Ya me voy, me tengo que ir, adiós-dice muy nerviosamente alejándose del chico que está riendo. 
Se siente avergonzada a pesar de que algo dentro de ella le dice que no debería estarlo, él ni siquiera sabe quién es ella, cuando cuente esa historia la mencionara como ´una chica cualquiera´ y en unos días, ya todo se habrá quedado en el pasado. Va caminando muy rápido y sin darse cuenta se le pasan dos autobuses con destino a su casa. 
 Al llegar a su casa, la encuentra vacía como casi siempre. Al entrar lo primero que hace es ir al refrigerador y toma un litro de agua. Sentía la lengua seca. Ya más tranquila se recuesta en el suelo, hace calor y el piso se siente muy fresco. Solo entonces se permite recordar la sensación que le causaron las manos de Ricardo enlazadas con las suyas.

domingo, 26 de mayo de 2013

Domingo.


Era una aburrida tarde de domingo. La mochila la veía desde el piso y le recordaba que dentro la esperaba una eternidad de tarea pendiente. No quería hacer nada, se sentía presionada, estresada y cansada. Su madre gritaba desde la cocina, su padre viendo en televisión alguna película de bajo presupuesto, su hermano solo estaba tirado en el suelo mirando al techo, su hermana en el ipad haciendo alguna cosa mientras ella sentada en el sillón miraba hacia la ventana donde un bochornoso día de primavera la invitaba a salir. Pero no lo hizo, en lugar de eso se quedo agazapada imaginándose toda clase de aventuras que podría sucederle si tan solo se atreviera a levantarse y salir a vivir.

SharonEliana

miércoles, 15 de mayo de 2013

Realidades ocultas.


-Siempre he tenido la sospecha de que hay alguien tras de mí.
Helaba, los -3 grados centígrados de temperatura calaban hasta los huesos. 
-No me molesta, no me gusta sentirme sola-sonrío de forma amarga-pero es así como estoy, sola.
 La gente caminaba sin detenerse a observarla, demasiado ocupada como para prestarle atención a alguien tan insignificante como esa joven de aspecto harapiento. 
El cielo gris, anunciaba una pronta tormenta, los relámpagos la hacían reír; “Un poco de luz entre tanta oscuridad” era lo que se permitía pensar. Le gustaba contar el tiempo desde el relámpago hasta que escuchaba el estruendo. Amaba calcular la distancia a la que el rayo había caído, imaginar sobre que o quien se había impactado. Conocía a varias personas que lo merecían. Volvió a reír, esta vez más gente le prestó atención. ¿Quién se ríe sola en una banca del parque?
  Y comenzó a llover. Una lluvia fría, despiadada que cubría todo a su paso. Pronto la dejo empapada y temblando. Pero ¿qué podía hacer? Sin casa, sin amigos, sin familia. Sin nadie. Era solo ella en este mundo tan vacío cruel. La lluvia dolía. 
Y de pronto, despertó. Despertó en su tibia cama, con su sábana cubriéndola. Todo había sido un sueño. Aunque dentro de ella sabía perfectamente que no estaba muy lejos de la realidad.

SharonEliana

lunes, 6 de mayo de 2013

Pesadillas.

 Muerto. Había muerto. Abrí mis hinchados ojos de tanto llorar. Me sentía agotada como si no hubiera dormido en semanas. Tome el teléfono y marque su número. El solo pensar que la última vez que lo vi no le repetí suficientemente que lo amaba, que discutimos por un simple refresco. Que nuestra despedida solo fue un simple beso y una hasta mañana, que ninguno de los dos nos rogamos permanecer juntos un momento más. Un timbrazo. Las lágrimas vuelven a rodar por mis mejillas. Un timbrazo. Las pequeñas gotas se reúnen en mis labios y siento su sabor salado. Un timbrazo, un sollozo y las lágrimas se niegan a dejar de salir. Levantan el teléfono y un “Hola” somnoliento y molesto me responde. Digo mi nombre y la voz sé alarma. Entonces recuerdo que estoy llorando. Lo había olvidado porque en cuanto escuche tu voz me di cuenta que todo fue una pesadilla. Te cuento lo que ha pasado y te escuchas algo molesto. ¿Quién confunde los sueños con la realidad?, me dices que me tranquilice y te hechas a reír. Me dices que me amas y nos quedamos hablando toda la noche de los sueños y de las pesadillas. Al amanecer no he dormido nada pero no me siento cansada, me siento completa y llena de ti.

Sharon Eliana 
FICCIÓN

sábado, 27 de abril de 2013

Cuento que no es cuento


Nunca habia comprendido la vida. Siempre habia caminado apenas inmutandose de lo que ocurria a su alrededor. Esa mañana desperto con una extraña sensacion en la garganta. Con el sabor de un presentimiento que no decia nada bueno.
A pesar de todo sonrio como cada dia y se levanto de entre sus sabanas. Arreglo su cama y se metio a la ducha.
El agua estaba helada. Pero se sentia bien a pesar de los 10 grados que marcaba el termometro. Se arreglo lo mejor que pudo y su larga cabellera la amarro en una gruesa y roja cola de caballo. Bajo corriendo las escaleras y se acerco a donde estaba su madre. Tomo el jugo de naranja que le ofrecio y salio disparada despues de dar una mirada fugaz al reloj que le indicaba que una vez mas iba retrasada. Corrio tan rapido como pudo, una cuadra antes de la escuela escucho el timbre y resignada a que ya no le permitirian entrar se desplomo en la banqueta. Hizo una mueca.
-Te sientes mal?-inquirio una voz amable
-No, estoy bien solo que...-se detuvo al notar que estaba a punto de hablar con un completo extraño
-Bueno ibas corriendo y de pronto te dejas caer-añadio el hombrecillo de barba blanca
-Estoy bien de verdad, gracias por preocuparse-dijo al tiempo que se ponia de pie y se sacudia el trasero
-Te ayudo con tu mochila?
-No gracias, no esta pesada
-A donde vas?-pregunto el anciano
-A mi casa
-Vives en la casa anaranjada verdad?
-Como lo...-se detuvo, su casa era demasiado llamativa asi que no era raro que la reconocieran por esa razon-mire gracias por preocuparse, pero en serio la mochila no pesa puedo volver por mi misma, no lo quiero retrasar en...lo que sea que iba a hacer
-Pero yo te iba a  buscar a ti
Dicho esto el hombre se arranco la barba y arrojo su baston al suelo.
Ella se asusto. Dio un paso en reversa pero se olvido de la banqueta por lo que que cayo de espaldas. Sintio como si frotaran un hielo por todo su cuerpo. La sangre se helo y solo vio a aquel sujeto acercarse más y más. Rogo por que alguien pasara, que alguien los viera pero a esa hora de la mañana no habia ni un alma en la calle. Intento gritar pero no logro hacerlo. El hombre le tomo una mano y comenzo a moverla. Era una sensación extraña, muy extraña como si sus piernas ya no le pertenecieran mas y se movieran a voluntad de sujeto que la estiraba. Su vista comenzo a nublarse y de pronto ya no supo más de ella.
Al despertar vio una habitación rosada. Repleta de muñecos de peluche, bajo la mortecina luz que iluminaba la habitación, el rostro de los osos parecia tener un gesto malevolo, siniestro. Se sintio asustada. Intento moverse pero sintio mucho dolor. Se quedo quieta. Parecia estar sobre algo blando. Algo que parecia ser una cama. Y lo era. Hecho un vistazo a su cuerpo para intentar localizar lo que sea que le estuviera provocando ese agudo dolor que lo la dejaba moverse. No habia nada. Trago saliva. "Vendran por mi" penso. Pero algo dentro de su corazón le decia que no, que no seria asi, que moriria a manos de ese hombre. Sintio una lagrima correr por su mejilla.
De pronto la puerta se abrio y vio a su captor sonreirle.
-Hola queridita, ¿como te sientes?
Los labios le temblaban. El hombre se habia quitado el bigote y se habia cambiado la ropa de anciano que llevaba. Usaba una camisa blanca muy ajustada que dejaba ver su barriga. La beso en la frente.
-Estaras bien cariño, solo que con lo que te inyecte te sientes algo adormecida y adolorida, pero mañana se te pasara y podremos salir a jugar juntos como antes. Le sornio.
Ella lo miro a los ojos. No entendia que estaba pasando, sentia miedo, sentia enojo, sentia demasiadas cosas que no podia explicar.
Él le cerro los ojos.
-Duerme, descasa mi pequeña, papi estara aqui cuando despiertes.
Lucho contra sus ojos que se cerraban pero no lo logro, se sumio en un profundo sueño.

FICCION
Sharon Eliana
 

Escrito: Sábado, 17 de diciembre de 2011 a la(s) 1:37

sábado, 20 de abril de 2013

Si pudiera II




Capítulo anterior
Si tan solo ella pudiera dejar de ser así. Si fuera más sociable. Si fuera más valiente. Pero no. Y no lo quiere ser, le gusta su personalidad introvertida. Es solo que no encaja en el mundo. El mundo no es para personas como ella. El mundo es para personas atrevidas. Con un ultimo suspiro se mete entre las tibias sabanas y cierra los ojos.
Sentada en los escalones come su almuerzo que no es nada nutritivo, galletas y jugo. Las mismas que comen todos los días y que ya están dejando huella en su cintura. Come la ultima del paquete y se olvida de limpiar las manchitas que se formaron en las comisuras de su boca. Observa el reloj y confirma que en un minuto el timbre de regreso al aula esta por escucharse. Camina tan lento como siempre. Su aula es la única que está en el primer piso. Justo al lado del laboratorio de biología. Justo en el momento en que entra al salón se escucha el timbre. Todos los estudiantes comienzan a acercarse a sus aulas entre quejas. Pero ella no. Ella ya está dentro. No tiene un solo amigo, no habla con nadie. No es una buena estudiante ni tampoco una belleza. Simplemente es una más. Una de esas que se olvidaran de la mente de todos una vez graduados. Se sienta en su pupitre y saca la libreta de filosofía. La peor materia. El maestro entra y comienza a apresurar a los que aun están fuera del salón. Poco a poco el lugar está lleno de gritos. El profesor grita y pronto todos se callan.
-¿Alguien leyó la clase?-pregunta el maestro con su voz calmada de siempre
Una buena parte del salón levanta la mano. Ella incluida.
-¿Alguien que nos diga de que nos habla?
Casi todos bajan la mano. Solo cinco alumnos la mantienen arriba. Ella no es una de ellos.
-Díganos Lupita-señala el profesor para sorpresa de nadie
Lupita es la más inteligente del salón. Lleva su kardex invicto, ninguna calificación menor de 95 y su informe de conducta es perfecto.
-El tema nos habla de la vida de Platón...-comienza a hablar la joven con la misma pasión que imprime cada vez que habla de algo que recién aprendió. Como le gustaría ser como ella. Pero no lo es. Su voz es suave y de tono bajo. Es aburrida.
-Suficiente-interrumpe el profesor- Jennifer- abre los ojos desmesuradamente, la acaba de llamar a ella y lo que menos pensaba era que ese profesor supiera su nombre. Tiembla disimuladamente y lo observa.
-Puede repetirme lo que Lupita nos ha estado contando?
Se muerde el labio. No ha puesto atención y aunque leyó el tema, ahora mismo esta tan nerviosa que no puede recordar nada.
-No.-dice suavemente
-No la oigo señorita-el profesor alzo la voz, algo no muy común en él.
-Dije que no-repite una vez más con el mismo tono de voz
-Es la tercera vez en dos semanas que la reprimo por no estar atenta. –El profesor suena muy serio y ella siente miedo-Le tengo que pedir que se retire y por favor no la quiero en esta clase sin un resumen de todos los capítulos que leído hasta el día de hoy.
Se levanta de su asiento. Se siente tan avergonzada, todos en el salón la miran, pero ella no mira a nadie. Camina muy rápido, y al salir del aula siente que las lagrimas se escapan de sus ojos sin poder contenerlas. Se aleja del salón caminando muy rápido, siente tanta tristeza y vergüenza al mismo tiempo. De pronto se queda de pie. Frente a ella viene ese chico rubio que juega futbol. Parpadea varias veces y el chico sigue acercándose cada vez más a donde esta ella que sigue llorando. Todas están enamoradas de él, y ¿cómo no estarlo? Ricardo no solo es el coreback del equipo sino además uno de los mejores estudiantes del colegio. Jennifer se queda atónita, el chico se acerca cada vez más a donde esta ella. Se esconde detrás del enorme árbol y se limpia las lágrimas. Quiere irse de ahí pero debe esperar a que él se aleje. No quiere pasar frente a él y observarlo como estúpida como todas lo hacen. Ella es más discreta. Cierra los ojos esperando que el tiempo pase.
-¿Te sientes bien?-escucha que le preguntan
”No puede ser”, repite esas palabras en su mente miles de veces en segundos que incluso dejan de tener sentido.
-Amiga...-él chico vuelve a hablar y esta vez le toca un hombro.
Jennifer siente un cosquilleo por dentro. Al fin abre los ojos y se muerde los labios. Asiente con la cabeza aun incapaz de formar palabra.
-¿Segura?-inquiere no muy convencido de las palabras de la chica
Ella vuelve a mover la cabeza e intenta formar una sonrisa.  Ricardo le sonríe de vuelta y se aleja. Ella se tranquiliza y camina hacia la salida de la prepa. Qué más da que aun queden otras tres clases por delante. Se siente como un zombie. Da un paso para bajar de la acera y  escucha un grito.
Ricardo se aleja de la chica, pero decide volver. Nunca la había visto antes pero lucia mal. Quizá se sentía mal y él es un caballero, debe ayudarla. Pero cuando regresa ella ya camino hacia la salida. La comienza a seguir sin saber que le dirá o que hará, y entonces ve está a punto de cruzar la calle sin prestar atención al auto que se aproxima.
-¡Cuidado!-alcanza a gritar...

 FICCIÓN Sharon Eliana

domingo, 31 de marzo de 2013

Historia.


Camine como todos los días del metro a la escuela, al entrar el lugar me sentía acalorada, era un día muy soleado.
-Hola -me saludo una voz algo curiosa
Me volvi para ver de quien se trataba, era mi compañero de salón. Todo el camino platicamos hasta llegar al edificio de clases. Aun me sentía con calor, pero ahora el calor externo se había equilibrado con un calor interno.
Solo tenia una clase ese día martes, me despedi de mi amiga y me dirigi hacia el metro.
-¡Hey esperame!-de nuevo mi compañero
 -¿Vas al metro?-pregunte sonriente
-¿Si, tu también verdad?
 Asenti. Emprendimos el camino. Decia muchas veces mi nombre.
-En que estación te bajas?
-¿En Madero, y tu?
 -Más adelante, en Revolución.
Nos quedamos callados unos minutos, soreimos y nos miramos a los ojos. Algo paso, no estoy segura de lo que fue, pero de pronto la distancia en nuestros rostros se hizo más corta, nuestros ojos se clavaron en los del otro, y de pronto ambos se cerraron al tiempo que nuestros labios se encontraron. Fue un beso casto, un beso sencillo, pero fue una de las mejores sensaciones de mi vida. De pronto el metro se freno para empezar a detenerse, la inercia nos empujo el uno con el otro. Ambos reimos, era mi estación. Me despedi con otro beso y una sonrisa.
Ojala ese momento hubiera durado para siempre, de lo que estaba segura era que esa sensación la recordaría hasta el ultimo de mis días.


FICCION
Sharon Eliana

jueves, 28 de marzo de 2013

La historia de la bestia.


Érase una vez, en un país lejano, un joven príncipe que vivía en un resplandeciente castillo. A pesar de tener todo lo que podía desear, el príncipe era egoísta, déspota, y consentido

Una noche de invierno llegó al castillo una anciana mendiga...

 y le ofreció una sencilla rosa a cambio de cobijarse del horrible frío.
 

 Repugnado por su desagradable aspecto, el príncipe despreció el regalo y expulsó de allí a la anciana. 

Ella le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias, porque la belleza se encuentra en el interior.

Volvió a rechazarla, 


...la fealdad de la anciana desapareció, dando paso a una bellísima hechicera. El príncipe trató de disculparse, pero era demasiado tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor.


Como castigo, lo transformó en una horrible bestia y lanzó un poderoso hechizo sobre el castillo y sobre todos los que allí vivían. 
 
Avergonzado por su aspecto, el monstruo se encerró en el interior de su castillo, con un espejo mágico como única ventana al mundo exterior. 
La rosa que ella le había ofrecido era en realidad una rosa encantada que seguiría fresca hasta que él cumpliera veintiún años. Si era capaz de aprender a amar a una mujer y ganarse a cambio su amor antes de que cayera el último pétalo, entonces se desharía el hechizo. Si no, permanecería condenado a seguir siendo una bestia para siempre. Al pasar los años, comenzó a impacientarse y perdió toda esperanza. 

 Pues,
¿quién iba a ser capaz de amar a una bestia? 

sábado, 16 de marzo de 2013

El fin de mi días





El día de mi muerte me desperté temprano. Elegi mi vestido favorito. Deje mi cabello suelto y sali de casa.
Hacia ya cuatro años que me habían informado, que el 20 de marzo de 2014, moriría. No sabían porque simplemente mi cuerpo se estaba degenerando. Primer caso en la historia, mi corazón simplemente se detendría, ya no habría riego sanguíneo y todos mis tejidos morirían por la falta de oxigeno, asi sin rázon alguna, simplemente porque debía pasar. 
Cuando comencé a caminar en dirección a mi auto, sentí un mareo. Cerre los ojos.   Creí que ese era el fin. Más sin embargo nada paso.
A veces me gustaba imaginar que todo era mentira, que en realidad no moriría y que me quedaba una larga vida por delante, pero no era asi
Tras reflexionar un poco, llegue a la conclusión de que tal vez no debería salir ese día. Podria morir manejando y provocar un accidente automivilistico. Podria desvanecerme frente a mis compañeros de clases y causar un revuelto.  Mi mayor temor era sucumbir ante mi abuela, mi única familia.
Regrese dentro de mi casa y me quede de pie. Era un lugar pequeño, sin muchos muebles, ningún lujo, pero era mio y me hacia feliz.
Me sente en mi única sofá y suspire al recordar a quien me lo obsequio. Mi último y único amor, aquel que me llevaría en mi mente por siempre. Aquel que siempre me hizo feliz.  Cerre los ojos y trate de dormir un sueño del que, a mis 23 años, ya no no despertaría.

FICCIÓN
Sharon Eliana